5 de enero de 2010

Magdalena

El 16 de octubre de 2005, ocurrió en la prisión de Magdalela una supuesta pelea entre presos, un supuesto motín, un incendio con treinta y dos personas muertas. Para los noticieros, para la "gente": treinta y dos presos muertos. El supuesto motín, que los medios habían profetizado, nunca existió, la supuesta pelea entre presos, si existió. Fue la única pelea en el mundo en que ninguno de los involucrados sufrió alguna lesión. casualmente, dos días antes del incendio, que terminaría con la vida de los treinta y dos detenidos, los reclusos habían tenido la osadía de denunciar a los guardia cárceles y autoridades del penal por maltratos, abusos y condiciones infrahumanas de vida. El humo que salía de la cárcel tenia más olor a vendetta que a otra cosa. Los treinta y dos muertos de Magdalena, sufrían las consecuencias de desafiar la a autoridad.
En argentina hay ciudadanos de primera: "la gente", y ciudadanos de segunda clase: "los marginados". Es un secreto a voces, que nadie dice, pero todos estamos cómodos con él, me he intentado explicar, una y otra vez, como es posible que mueran treinta y dos personas en vivo y en directo por cadena nacional y que hoy a solo cuatro años nadie se pregunte ¿que paso? O que ya ni siquiera se acuerden de esa pequeña prisión en el pueblito de Magdalena.
Se han animado a decir por los medios que "murieron treinta y dos delincuentes", como si el ser delincuentes justificara esas condiciones de vida, la muerte como moneda corriente, el abuso de autoridad permanente. En esta vorágine informativa, en esta hemorragia por dar noticias que tienen los medios, el lugar que ocupa cada noticia es muy breve. Para contar que hubieron treinta y dos muertos en una cárcel, obviaron decir que más de la mitad de los reclusos en argentina están sin condena, se olvidaron, esos medios, de contar que la prisión preventiva es una figura legal destinada a recluir a los pobres y mucho menos, se acordaron de contarnos, que personajes como Menem y M.J. Alzogaray la evitaron por medio del pago de determinada cantidad de dinero (que nunca nadie pregunta de donde salio). Hoy los medios están ocupados en otros temas de mayor importancia que treinta y dos presos muertos, hoy la noticia pasa por lo que hace o deja de hacer Ricardo Ford, hoy la nocticia pasa masticada por los señores periodistas, para que nosotros los idiotas, no tengamos que pensar por nosotros mismos y poder repetir las opiniones de esos inteligentisimos hombres que salen por TV, que se olvidan de contarnos, de la sistemática violación a los derechos humanos que soportan los presos en argentina. De todo esto se olvidan.
Si pudiera existir algo mas terrible que la muerte de treinta y dos personas por asfixia, eso seria la indiferencia de una sociedad entera. A nadie le importó demasiado que hubieran treinta y dos familias que sufrieran esas perdidas. No vi en ningún medio, en ninguna calle, en ninguno de estos cuatro años, a una sola persona marchando con una vela blanca en la mano. No hubo reacción, nadie reclamo nada. Claro: no nos habían tocado el bolsillo, una cosa son las retenciones impuestas a los señores oligarcas y otra muy distinta es el pedido de justicia para treinta y dos personas muertas por la corrupción, después de todo esos muertos eran "delincuentes".
Todavía hay gente que lo cree así, y no son una minoría. Son "la gente", son los que todos los días escuchamos decir que los piqueteros no quieren trabajar, son los que creen que los presos deben vivir en condiciones infrahumanas para que aprendan a ser "gente bien".
Cuando el debate con esas personas ya no de para más, no queda más que dar el último argumento: si las prisiones surgen en ese estado, van a seguir siendo generadoras de delincuencias (uno podría pensar que esto es casual, o podría creer que mientras más delincuencia, más legitimación para incorporar policías, pero ese es otro tema). Leyendo el último argumento, casi me doy asco. Como si la mejor razón para asegurar condiciones humanas en las prisiones fueran que no queremos generar delincuencia, y no que son seres humanos iguales que cualquier otro (y muchas veces mejores que muchos de los que están de este lado de las rejas)

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